jueves, 6 de marzo de 2014

No esperes



No esperes

Desde niño Mauricio fue especial, nació con un problema en las piernas por lo que tardó en caminar y tuvo que usar unos enormes zapatos ortopédicos durante toda su infancia.

Pero eso no impedía a Mauricio ser un niño activo y tremendamente curioso,  con sus pesados zapatones recorría cada rincón de la casa como buenamente podía cuando sentía curiosidad por algo.

Desde muy pequeño fue un niño ordenado, nunca vi a otro niño recoger los juguetes después de jugar, con tanta alegría como lo hacía Mauricio.

Además era un niño amable y simpático, un tremendo parlanchín que disfrutaba hablando con cualquiera que quisiera charlar un rato y regalaba su sonrisa a todo el que se cruzaba con él.

Realmente era un niño especial, un poco raro diría yo.

Cuando tuvo edad de ir a la escuela, sus padres temieron que sus enormes zapatos fueran motivo de burla, más el buen humor de Mauricio y su enorme simpatía, lograron cambiar el defecto en algo diferente y divertido.

Pronto Mauricio hizo muchos amigos, era un compañero divertido, bromista y ayudaba a los que no entendían algo en clase. Y lo podía hacer porque él sacaba buenas notas,  desde pequeño Mauricio fue uno de los mejores estudiantes.

Como sus enormes zapatos le impedían correr, Mauricio a veces se aburría por no poder jugar ciertos juegos con sus amigos. Fue así como su madre lo llevo a la librería del pueblo, para que escogiese un buen libro y así no pasar momentos aburridos.

A Mauricio le encantó. La librería fue para él un mundo nuevo, lleno de historias maravillosas y paisajes fantásticos, donde podía ser cualquier personaje que quisiera ser y donde podía vivir aventuras increíbles. A partir de ese día, la librería fue para Mauricio, un lugar maravilloso al que volvería una vez por semana.

Y paso el tiempo y Mauricio creció y sus piernas se enderezaron y volvieron fuertes y cuando pasó a secundaría, lo hizo por fin libre de sus pesados zapatos. Y esa libertad le hizo descubrir una nueva pasión, un nuevo amor en su vida. Mauricio se convirtió en un notable deportista, el básquet le encantó y participo el equipo de atletismo de su escuela.

De esta manera creció Mauricio, como un chico agradable y atento, ordenado y estudioso, además buen deportista, gran amigo y amante de la lectura. Y fue así que cierto día en su visita semanal a la librería algo cambió. Cuando entro en la Librería, vio en la caja a la muchacha más hermosa que había visto en su vida.

“Yo no sé lo que es el amor a primera vista” pensó Mauricio, “pero debe ser algo parecido a esto”.

Se quedó atónito, mudo, mirándola durante largo tiempo, sus ojos, su cabello, su nariz, su boca. Jamás había sentido tantas emociones juntas. Hasta que unas palabras lo despertaron de su sueño.

-¿En que puedo ayudarte?- dijo la muchacha.

Mauricio no sabía cómo, pero sin darse cuenta sus pies lo habían llevado desde la puerta de la librería hasta la caja, y ahora la muchacha le indicaba que era su turno.

Aún perturbado por la situación y muy nervioso, Mauricio cogió el primer libro que pudo de una pequeña estantería al lado de la caja y dijo:

-Me llevo este- y sus labios se sellaron, tenía tantas cosas que decir, quería saludarla, decirle que le parecía hermosa, que deseaba conocerla, pero nada salió de sus labios.

-¿Te lo envuelvo para regalo?- pregunto la muchacha

Mauricio solo pudo asentar con la cabeza, pues ninguna palabra salía de su boca. Solo pensó que el tiempo que tardase la muchacha en envolver el libro, él podría disfrutar de mirarla y quizá se atreviese a hablarle. Y así descubrió una etiqueta en la blusa de muchacha.

"Rachel" - leyó en silencio – "que hermoso nombre" – pensó Mauricio.

Pagó y se fue corriendo a casa, al llegar dejo el libro sobre una mesa de su habitación, no tenía idea de que se trataba el libro, y busco a su madre. La encontró en la cocina y le contó lo que le había pasado, la emoción que había sentido, y como no había podido decir nada. La madre se alegró y le animo a no tener miedo.

-La próxima vez que vayas, dile algo, no temas- dijo la madre.
-No sé si podre- dijo Mauricio - es tan hermosa- y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.

Pasó la semana y llego el día en que Mauricio visitaba la librería.

Mauricio estaba nervioso, pero se había preparado, había practicado lo que le iba a decir, cada palabra, cada gesto. Tomo aire y entró en el local. Mauricio vio a Rachel en la caja y seguro de sí mismo se dirigió a ella, pero al estar frente a Rachel, todas las emociones paralizaron a Mauricio y al llegar su turno no supo que decir.

-¿Te ayudo en algo?- Dijo Rachel amablemente.

Mauricio no sabía que decir, muy nervioso volvió a tomar el primer libro de la estantería más cercana y lo puso en el mostrador.

-Oh. Te gustan las aves- dijo Rachel.

Mauricio se fijó por primera vez en la portada del libro que había cogido “El apasionante apareamiento de la Golondrina Real”, Mauricio se puso rojo, y solo asintió con la cabeza.

-¿Lo envuelvo para regalo?- pregunto la muchacha.

Mauricio volvió a asentir, pagó y se fue decepcionado de sí mismo.

Pasaron los días y la tercera visita a la librería y sobre todo a Rachel, no fue mejor y una semana después la cuarta visita fue otro desastre, Mauricio estaba desesperado.

Desconsolado, Mauricio busco a su madre, le contó lo que sentía por Rachel y como le resultaba imposible decir nada.

La madre lo consoló y con esa sabiduría que solo las madres tienen encontró la solución.

-Si no puedes hablarle- dijo la madre – escríbele lo que sientes-

Los ojos de Mauricio se abrieron como platos, esa, esa era la solución.

Pasaron los días y las notas se acumulaban arrugadas en la papelera, una y otra vez escribía y tiraba la carta escrita, hasta que por fin encontró las palabras perfectas.

Llego el día y esa tarde Mauricio se despidió de su madre y salió de su casa decidido a entregar su carta a Rachel.

Nunca más volvió. Un accidente de tránsito se llevó a Mauricio de este mundo. Nunca llegó a la librería, jamás volvió a ver a Rachel…


Pasó más de un año hasta que la madre  volvió a entrar a la habitación de Mauricio, todo estaba tal y como el lo dejó, ordenado como había sido desde niño. Pero algo llamó la atención de la madre, en una estantería vio regalos envueltos, enseguida entendió que eran los libros que su hijo había comprado, que había envuelto Rachel y que Mauricio nunca había abierto. 

Desenvolvió el primero y una nota cayó del interior.

-“Hola me llamo Rachel" - decía la nota -" soy nueva en el pueblo y no conozco mucha gente”-

Abrió el segundo y encontró otra nota en su interior.

-“Hola, es muy tierno como me miras, me haces sentir especial y la verdad me gustaría conocerte”-

Abrió el tercero y en este también había otra nota, pero no pudo leer más pues las lágrimas se lo impidieron. Fin.


Es posible que al igual que Mauricio estés dejando de hacer algo que realmente quieres hacer, algo que realmente deseas, tal vez tu gran sueño. No esperes más. 
Que no te venza el miedo, ni la inseguridad, que no te gane la comodidad, haz lo que realmente sueñas. 
Hazlo por ti y por todos aquellos que disfrutaremos con tu logro. 
Pero hazlo ya.
No esperes.
 



No esperes
Si realmente deseas hacerlo. No esperes
Si es tu verdadero sueño. No esperes
Si lo sientes con toda tu alma. No esperes


No te escondas en los,
cuando tenga tiempo,
cuando acabe la carrera,
cuando tenga dinero,
cuando logre el ascenso...

Sea lo que seas que quieras, por favor hazlo ya!

NO ESPERES.

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