Todos decidimos.
Dos hermanos salieron a pasear por el campo, era un día
maravilloso, brillaba el sol y ambos disfrutaban del paisaje. Poco a poco sin
darse cuenta se alejaron del pueblo.
Tras unos cuantos kilómetros andando, decidieron descansar
un rato. El hermano menor se sentó en una roca cuando de pronto una serpiente
venenosa mordió su mano.
Al escuchar los gritos de dolor de su hermano, el mayor
corrió a socorrerlo y sin darse cuenta se acercó a la serpiente y esta lo
mordió en la muñeca.
Lleno de rabia el hermano mayor tomó su machete y atacó a la
serpiente que huyó. El hermano mayor buscó entre los matorrales a la serpiente
mientras gritaba y maldecía al animal.
El hermano menor, más sereno empezó a succionar su herida
extrayendo y escupiendo el veneno, mientras le decía a su hermano que hiciera
lo mismo. Pero el mayor no escuchaba, no podía oír nada enfurecido y
concentrado en encontrar a la serpiente.
Pasaron unos minutos y el hermano menor continuó succionando
la herida y pidiéndole a su hermano que hiciera lo mismo. De pronto el mayor
dio un machetazo y dijo.
“Aquí está, por fin maté a este asqueroso animal, por fin
nos vengué de aquello que nos causó tanto dolor” - Y murió.
El hermano menor, logró sobrevivir.
A veces hay cosas que nos lastiman, nos hacen daño, pero
solo nosotros decidimos si nos sacamos ese dolor y seguimos adelante con
nuestra vida o si tratamos de vengarnos y permitimos que ese veneno nos siga
haciendo daño, quizá hasta matarnos.

Muy bonito y muy cierto, pero a veces es difícil decidir sacar ese veneno, también puede suceder querer sacarlo y no saber cómo.
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