El sueño de una piedra
La piedra vivía quieta al costado de un camino. Amarrada a esa particular velocidad a la que se desplazan las piedras. Hacía ya varios siglos que había salido de las entrañas de la tierra y desde su nacimiento había visto muchas cosas.
Pero la piedra quería ver más, había ansiado toda su vida
descubrir lugares diferentes. Cada mañana al despertar, se preguntaba que
habría detrás de la loma al final del camino, pero por más que se esforzaba, no
lograba desplazarse.
Había intentado caminar, como lo hacen los hombres que por
el camino pasan, pero no tenía piernas, había intentado volar como las aves que
surcan el cielo, pero no tenía alas, había intentado arrastrarse como la
serpiente que en el matorral se esconde mas no había podido. Ni siquiera había
podido rodar.
Tantas veces lo había intentado que ya se había rendido.
Pero la piedra disimulaba su pesar y más delante de sus
amigos, cuantas veces se habían reído otras piedras y arboles vecinos de sus
sueños de conocer nuevos sitios. No, mejor olvidar sueños imposibles y tratar
de ser feliz con lo que soy.
-Si eso es, disfrutar de lo que soy- pensaba la piedra- pero
¿Qué soy? –
-Soy fuerte- decía- y soy agradable, tengo muchos amigos y
soy sabio, desde que nací he visto muchas cosas pasar, soy feliz, disfruto del
sol, de la lluvia, de las estrellas, que feliz que soy y además soy grande, sí,
soy una la piedra más grandes de esta zona y quizá sea la piedra más grande del
valle-
Y la melancolía volvió a su corazón pues se dio cuenta que
era imposible comprobarlo, pues estaba anclado a la tierra. Y ya no sentía tan
fuerte, ni tan sabio, ni tan feliz.
Una mañana de mayo, un hombre pasó por el camino, al
principio no llamó su atención pues era un hombrecillo más como todos los que
por el camino pasaban. Pero de repente paso algo increíble. La piedra escucho como el hombrecillo hablaba y eso no tenía
nada de extraordinario, pues los hombres siempre hablan unos con otros, pero
este hombrecillo iba completamente solo y además no movía los labios, tenía la
boca completamente cerrada.
Perpleja, la piedra se quedó inmóvil para no ser
descubierta, si han oído bien la piedra se quedó inmóvil, más de lo normal en
una piedra, no sabía porque sentía temor, pues los hombres nunca le habían
hecho daño, pero aquel hombrecillo la asustó.
Cuando el hombrecillo se alejaba, la piedra comento a un
arbusto vecino.
-¿Has oído a ese hombrecillo loco?, habla sin abrir la boca-
dijo la piedra.
-Yo no he escuchado nada- dijo el arbusto.
-¿Cómo qué no?- se indignó la piedra- ¿es que nadie más le
ha oído hablar?
Sus vecinos, piedras, arbustos y árboles, empezaron a reírse
y le decían.
-Ese hombrecillo ha pasado en silencio, la que se está
volviendo loca eres tu- y rompieron a reír.
-¿loca yo?- contesto- el que está loco es el hombrecillo, me
escuchan, EL HOMBRECILLO- gritó la piedra enfurecida.
-¿me estás hablando?- dijo el hombrecillo mientras se
acercaba a la piedra.
La piedra aterrada soltó un alarido y trato de huir, pero no
pudo correr, ni volar ni arrastrarse, ni siquiera rodar.
-¿por qué tienes miedo piedra?- dijo el hombrecillo sin
mover los labios.
-porque ningún hombre me había hablado jamás- dijo la
piedra.
-yo sin embargo siempre hablo con las piedras, pero esta es la primera vez que una de ustedes me ha contestado y no por eso siento miedo, por algo será que tú y yo estamos
hablando, ¡no crees?-
Por fin el miedo se disipó y estuvieron hablando durante
largo tiempo. Hablaron de muchos temas distintos, de la vida, de los sueños, sus
experiencias. Los vecinos estaban sorprendidos de ver a la piedra hablar con el
hombre y ya no reían. Cuando de repente
el hombrecillo se le ocurrió una idea.
-Creo saber porque estamos hablando- dijo el hombrecillo-
Veras yo soy escultor, y creo que tú eres perfecta para un proyecto que tengo
guardado hace varios años-
-¿escultor?- pregunto la piedra- ¿qué es eso?
El hombrecillo explico a la piedra que era un escultor y
cuál era el proyecto guardado por años, la piedra se sorprendió, quedó
alucinada con lo que el hombrecillo le contaba, no se lo podía creer. Cuando el
hombrecillo acabó, le pregunto.
-¿qué opinas, te animas a participar?
-no sé- dijo la piedra dubitativa- creo que no, eso que me
cuentas parece doloroso y además me da mucho miedo.
-tienes razón, el cambio puede ser doloroso- dijo el
hombrecillo- pero sin ese cambio, nunca sabrás que es lo mejor de ti, eso que
llevas dentro y hasta ahora no has descubierto-
-puede que tengas razón, pero no, me da mucho miedo,
prefiero quedarme como estoy- dijo la piedra.
-es una lástima- dijo el hombrecillo- si hubieses dicho que
si, mañana mismo traía mi camioneta y te llevaba a mi taller para empezar.
-¿de qué hablas?- dijo la piedra- ¿el cambio no se
realizaría aquí?
-nooo- dijo el hombrecillo- tendría que llevarte a mi
taller, allí tengo mis herramientas-
-¿me sacarías de aquí?- la piedra estaba sorprendida- ¿y
después me volverías a traer?
-bueno, una vez terminada la obra, te llevaría a una sala de
exposición, después a otra y después quizá a un museo o aun parque- nunca se
sabe.
La piedra no se lo podía creer, el sueño de toda su vida,
salir de donde estaba y ver mundo, ahora estaba a su alcance. Aún temerosa
acepto la propuesta del hombrecillo. A la mañana siguiente llego el hombrecillo en su pequeño
camión y muy emocionada la piedra se despidió de sus amigos que atónitos veían
a la piedra partir. Durante todo el camino la piedra observaba todo a su
alrededor y preguntaba al hombrecillo por aquellas cosas que desconocía.
Al pasar junto al peñasco descubrió que en el mundo habían
piedras enormes, mucho más grandes que ella y maravillada las saludó, pero
estas al ver a la piedra mucho más pequeña no le hicieron ningún caso, pasaron
rato después junto a un campo de girasoles y la piedra al verlos tan hermosos
los saludó efusivamente, pero los girasoles se dieron la vuelta dándole la
espalda, ya casi llegaban al pueblo cuando pasaron junto a unos álamos la
piedra saludó entusiasmada, más los álamos altivos la ignoraron, solo un
pequeño álamo de no más de dos metros de alto le devolvió el saludo.
Pero la piedra seguía feliz descubriendo nuevos paisajes,
nada podía reducir su entusiasmo. Una vez llegados al pueblo, la piedra vio su
imagen reflejada en un gran ventanal y le pidió a hombrecillo que se detuviese
un momento, era la primera vez que se veía a sí misma, muchas veces había
imaginado su forma al ver su sombra en el suelo pero esta era la primera vez
que se veía a sí misma como realmente era.
Por fin llegaron al taller y el hombrecillo instaló a la
piedra en un lugar apropiado y le dijo que descansara pues al día siguiente
empezarían a trabajar. Esa noche la piedra no pudo dormir casi. Observaba todo lo
nuevo que la rodeaba y le embargaba la emoción.
A la mañana siguiente llego el hombrecillo y tras una breve
charla empezó a trabajar, tomo un lápiz y empezó a dibujar líneas en la piedra.
-que sencillo es esto- pensó la piedra- hasta me hace
cosquillas-
Tras terminar sus diagramas, el hombrecillo tomó el cincel y
el martillo, apoyo en la piedra y golpeo. La expresión cambió en la piedra, se borró la sonrisa y fue
por una expresión de dolor profundo. Jamás había sufrido un dolor semejante un
dolor tan profundo que le apago la voz y no fue capaz ni de gritar, pero antes
de que se desvaneciese el dolor del primer impacto un segundo y un tercero
llegaron sin avisar.
-para, para por favor- gritó la piedra.
-¿qué es lo que pasa?- pregunto el hombrecillo asustado.
-no lo soporto, esto es muy doloroso- dijo la piedra.
-pero no hay otra forma de hacerlo- contesto el hombre- tu
sabías que el cambio es doloroso-
-pero no puedo soportarlo, es demasiado difícil este cambio-
-está bien, no te preocupes- tranquilizó el hombrecillo a la
piedra- es una pena, porque hubieras
sido una hermosa escultura, mañana te llevare a tu campo, para que sigas
tranquila-
Toda la noche estuvo la piedra pensando, ¿qué hacer?,
¿quedarme igual que siempre?, ¿soportar el dolor? Y no sé si por cumplir su
sueño o por no querer volver a donde estaba, tomo la decisión de seguir
adelante. A la mañana siguiente comunico al hombrecillo su decisión de
continuar.
-¿estas segura?- pregunto el hombrecillo
-Completamente- respondió la piedra.
Así el hombrecillo empezó a trabajar nueva mente.
Largos fueron los días y eternos los meses para la piedra,
que soportó en silencio dolores y miedos, solo aliviados por el chorrito de
agua que el hombrecillo aplicaba para enfriarla. Así vio cómo se desprendía
partes de su ser, como se pulverizaban rasgos de su vida.
Día tras día, semana tras semana, el dolor variaba, a veces
era leve otras resultaba insoportable y poco a poco la piedra se dio cuenta que
ya no extrañaba las partes que dejaba atrás. Y el hombrecillo, picó, talló,
lijó y pulió la piedra hasta convertirla en una hermosa escultura.
Por fin el suplició terminó, y la piedra, convertida en
escultura debía ser trasladada a la sala de exposición. El hombrecillo le
explicó que por tradición tenía que ser cubierta con una gran tela, para que
nadie viese la obra antes de la presentación y con mucha tristeza la piedra
acepto, pues lo que más deseaba era seguir viendo cosas nuevas desde el camión
del hombrecillo, pero no había nada que hacer, la tradición es la tradición.
Pero el hombrecillo no había dicho toda la verdad, otro era
el propósito de cubrir la piedra. Una vez llegados a la sala, instalo la
escultura cubierta en el lugar escogido. Y habló con la escultura por un
momento explicándole en qué consistía la ceremonia.
Por fin llegó la hora, la piedra debajo de su opaco velo esperaba
ansiosa ser descubierta, quería observar todo a su alrededor. Escucho
impaciente el murmullo de la gente, la ceremonia de presentación y por fin las
palabras mágicas que anunciaban que sería descubierta.
Cuando por fin quitaron su velo, las luces de los flashes
cegaron su visión y solo pudo escuchar la admiración de la gente. Pasaron
largos segundos hasta recuperar la vista y descubrió la verdadera intención del
hombrecillo.
Había colocado la esculpida piedra, en un atrio en medio del
salón frente a un enorme espejo, desde donde la escultura podía ver a todo el
mundo y lo más importante, podía verse a sí misma.
Cuenta la leyenda que cuando la escultura vio en lo que se
había convertido, lágrimas de emoción brotaron de sus ojos de mármol. Había
validado la pena los sacrificios realizados para lograr este cambio.
¿Que qué pasó después?, eso solo tú lo sabes, pues al igual
que la piedra solo tú puedes decidir si estás dispuesto a sacar lo mejor de ti,
que duerme en tu interior o seguir como hasta ahora atado en tu comodidad.














